10 de septiembre se venera a "San Nicolás Tolentino"

Considerado el primer santo de la Orden de San Agustín, demostró un profundo compromiso religioso, ayunando con regularidad desde los siete años. Después de escuchar las palabras de un ermitaño agustino sobre el desapego del mundo, decidió renunciar a todas sus posesiones y unirse a la orden agustina.

La fama de San Nicolás como obrador de milagros lo siguió a lo largo de su vida. Se le atribuyen varios milagros notables, como resucitar a un niño quemado mientras asistía a la toma de posesión de un obispo.

Su intercesión se busca en numerosas enfermedades y su patrocinio se extiende por todo el mundo. Conocido por su santidad y dones milagrosos, dejó una profunda huella en la Orden Agustina.

Tras su muerte en 1306, su veneración comenzó de inmediato, y sus restos descansan en un sarcófago en Bari desde su traslado en 1087, cuando se salvaron de los sarracenos.

Índice
  1. ¿Quién era San Nicolás de Tolentino?
  2. ¿San Nicolás de Tolentino era en santo de los Milagros?
  3. Oracion a San Nicolas de Tolentino

¿Quién era San Nicolás de Tolentino?

Nació en Sant'Angelo in Pontano, Italia, alrededor del año 1245. Su vida estuvo íntimamente ligada a la ciudad de Tolentino, donde vivió durante tres décadas hasta su fallecimiento el 10 de septiembre de 1305.

Desde una temprana edad, Nicolás ingresó a la orden agustiniana como estudiante y novicio. Fue ordenado sacerdote alrededor de 1273 y destinado a Tolentino, donde se destacó por su dedicación pastoral como confesor y su compromiso con los más necesitados.

Recorría los barrios humildes, visitaba a los moribundos y brindaba apoyo tanto en cuestiones materiales como espirituales. Su vida combinaba la contemplación con el apostolado, manteniendo un diálogo constante con Dios y mostrando una profunda sensibilidad hacia los problemas humanos. Su austeridad, espiritualidad y amabilidad lo hicieron popular entre la gente y frecuentaba las áreas empobrecidas de Tolentino para consolar y bendecir a los enfermos.

En su lecho de muerte, cuando alguien le preguntó por su alegría, San Nicolás respondió que se debía a la visita de Jesucristo, la Santa Madre y San Agustín, quienes lo invitaban a entrar en el gozo del Señor. Durante su vida y después de su muerte, se atribuyeron numerosos milagros a su intercesión.

Es conocido como protector de las almas en el purgatorio y patrón contra la peste, los incendios y la tartamudez.

San Nicolás de Tolentino fue canonizado por el Papa Eugenio IV el 5 de junio de 1446, en la solemnidad de Pentecostés, tras un amplio respaldo popular y la concesión de indulgencias plenarias a quienes visitaran su capilla en Tolentino, equiparando su importancia a la iglesia de Santa María de la Porciúncula de Asís. Su vida y obra perduran como un ejemplo de caridad y devoción en servicio a los necesitados.

¿San Nicolás de Tolentino era en santo de los Milagros?

La intercesión de San Nicolás de Tolentino ha dejado un rastro de milagros y testimonios conmovedores. Personas como Ana María, cuyo esposo experimentó una curación sorprendente después de rezar juntos la oración del santo, o Antonio, quien superó una adicción al alcohol gracias a su devoción a San Nicolás, demuestran la influencia poderosa de este santo en la vida de quienes confían en él.

La oración a San Nicolás de Tolentino se presenta como una valiosa herramienta para buscar milagros y la gracia divina, siempre que se haga con sinceridad, humildad y devoción.

Si te encuentras en tiempos difíciles, esta oración puede ser un faro de esperanza en la que confiar para que San Nicolás de Tolentino interceda por ti ante Dios.

Oracion a San Nicolas de Tolentino

Oh glorioso Taumaturgo y Protector de las almas del purgatorio, San Nicolás de Tolentino!
Con todo el afecto de mi alma te ruego que interpongas tu poderosa intercesión en favor de esas almas benditas,
consiguiendo de la divina clemencia la condonación de todos sus delitos y sus penas,
para que saliendo de aquella tenebrosa cárcel de dolores,
vayan a gozar en el cielo de la visión beatífica de Dios.
Y a mi, tu devoto siervo, alcánzame, ¡oh gran santo!, la más viva compasión
y la más ardiente caridad hacia aquellas almas queridas.
Amén.

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